
De La Habana a la Loma del Taburete en bicicleta: una aventura entre montañas y amigos
Como creo haberles comentado de forma similar, hay viajes que comienzan mucho antes de que uno monte en la bicicleta. Comienzan cuando aparece una invitación, alguien propone una ruta; o se habla de mochilas, tiendas de campaña, kilómetros, montañas; y sobre todo, cuando corro a casa de mis hermanos Leo y Yudith para que alisten mi Bici para esta nueva jornada.
Recuerdo haber escrito un artículo completo sobre Leo, su trabajo técnico de amor y pasión por viajar en bicicletas. Mi mejor mecánico, indiscutible al podio e insuperable. Hoy, por si no lo conocen, se los presento un instante antes de continuar.
Leo es un loco apasionado que vive en el municipio La Lisa, y lo mejor de todo, su trabajo como mecánico de Bicicletas cumple con las 3B del mercado cool: bueno, bonito y barato.
(Aunque eso de barato hoy en Cuba, uhm, como que yo no lo veo muy claro.)

Lo que sí os puedo asegurar es que lo que Leo hace es mágico, al seguro, y sobre la marcha (cualquiera sea la Bici), garantizado.
Con mi China Katzu lista, y engrasada, volvamos al deseo de emprender pronto camino hacia el oeste.
¡Hurra! Aventura de La Habana a la Loma del Taburete en bicicleta
Como os decía, cuando empieza un viaje como este, saltan pensamientos de cómo será aquello: con muchos colegas desconocidos, la inexperiencia de pedaleo, el miedo al “podré empatizar con ellos, estar a la altura, tener resistencia, bomba para…”.
Bufff. Qué más da. Ánimo ¡ A viajar en Bicicleta!
Pero que no cunda el pánico. Con estos pensamientos en mente me lanzo a la aventura convocada por el Movimiento Cubano de Excursionismo, grupo al que mi amigo Dayner me permitió contactar.
Entre el 4 y el 6 de septiembre, este finde pasado, hemos realizado esta conocida Excursión desde La Habana en bicicleta rumbo a la Loma del Taburete, en la Sierra del Rosario, para compartir unos días de naturaleza, aventura, camping y montaña (con lluvia y picadas de abejas incluídas).
Es mi primera salida con este grupo como tal, aunque no será la primera vez que comparto camino con algunos de sus integrantes. A varios ya los conozco de otras excursiones, de esas que terminan creando amistades y haciendo que uno descubra que, aunque viaje muchas veces con personas diferentes, existe una especie de familia que se va formando alrededor de los caminos, las montañas y las ganas de explorar.
Y, por encima de todo esto, uno de los encantos que más me atraen de esta excursión es que se realiza casi toda en Bici.
Rumbo a la Sierra del Rosario
La Loma del Taburete se encuentra en Candelaria, provincia de Artemisa, dentro de la Sierra del Rosario, muy cerca de la comunidad Las Terrazas. Esta pequeña montaña alcanza alrededor de 452 metros sobre el nivel del mar y constituye uno de los puntos de interés para quienes disfrutan del senderismo y el excursionismo en esta zona del occidente cubano.
Sin embargo, nuestro viaje no comenzará al pie de la montaña. El punto de encuentro para la salida de todo el grupo es en el kilómetro 0 de la autopista Habana-Pinar del Río.
Así, este viernes 4 nos encontrábamos, no para tomar un carro a Pinar, sino para reunirnos todos, bajo el liderazgo de Sandelis (un tío ahí, uhm…, medio cuerdo), y emprender la aventura.
Si os soy franco, para mí el viaje comienza mucho antes, cuando la bicicleta sale cargada con el equipaje y toma el camino hacia el oeste. Porque una de las cosas que más disfruto de viajar en bicicleta es precisamente que el destino nunca está separado del trayecto. No existe esa sensación de despegar de un sitio y aparecer en el lugar para comenzar la excursión. Cuando lo haces en Bici, el viaje comienza desde el primer pedalazo y cada kilómetro recorrido forma parte de la historia.
¡Enhorabuena, a pedalear!
Llevo conmigo lo necesario para este paseo de tres días; más lo que han organizado para la cena colectiva. Aunque siempre me digo lo mismo: llevaré conmigo lo justo para esas jornadas, intentando mantener esa regla que tanto me gusta del mundo mochilero: llevar poco, aprovechar mucho y estar preparado para lo que pueda aparecer en el camino.
Aunque al final, siempre cargo de más; y algo se me olvida. Jeje.
En este tipo de travesía no se necesita demasiado para sentir que estás viajando. Una bicicleta, una mochila, algo de comida+energéticos, agua, equipo para dormir y la voluntad de seguir adelante pueden convertirse en una pequeña casa ambulante.
Eso sí, no se os puede olvidar el baúl mental listo para albergar experiencias que luego serán los recuerdos placenteros que nos mantendrán vivos en estos fríos muros de la cotidianidad, hasta que emprendamos nuevas rutas.
Sendero Loma del Taburete, espérame, no voy solo
La mejor parte de este recorrido. Y aquí aparece una diferencia importante con muchos de mis últimos viajes. Es, con mucha espectativa:
¡Hurra! ¡Esta vez no voy solo!
Durante mis salidas en bicicleta he aprendido a disfrutar muchísimo de la soledad del camino. He viajado solo hasta Viñales, he pedaleado largas distancias por Cuba y también he vivido aventuras en bicicleta durante mis temporadas por Rusia y Bielorrusia. En esos recorridos he descubierto el placer de decidir por mí mismo cuándo parar, dónde descansar y hacia dónde continuar.
Pero viajar acompañado tiene otra magia mayor: El camino se llena de carismas y conversaciones.
Así, la subida se hace más fácil. Una parada cualquiera puede convertirse en una tertulia (o en una mesa de dominó). La comida sabe diferente –mucho mejor–, cuando se comparte. Y alrededor de una tienda de campaña, o, en este caso, a la vera del camino, siempre terminan apareciendo historias que nadie había previsto.
Por eso se me hace especial ilusión con esta salida.
Será mi primera experiencia viajando con el Movimiento de Excursionismo como grupo… Me gusta esa manera de encontrarnos que tiene el Senderismo: primero aparece un sendero en la distancia, después una ruta y finalmente terminamos descubriendo que detrás de cada mochila hay una persona con sus propias historias; muchas de ellas, dispuestas a ser compartidas.
Una montaña llamada El Taburete
El nombre puede resultar curioso, pero la Loma del Taburete es una elevación importante dentro de estas tierras, y su ascenso es uno de los imperdibles de naturaleza por acá. La ruta oficial de escalada tiene aproximadamente seis kilómetros, unas tres horas de duración y está catalogada con dificultad media-alta; aunque yo la considero solo de Mediana dificultad, pues no tienes que escalar nada, ni enfrentarte a desniveles severos.
En teoría, el ascenso se realiza por un camino forestal hasta alcanzar la parte más elevada, situada alrededor de los 452 metros, como os decía al principio.
Ese es, o era, el Sendero del Taburete oficial. Luego del abandono, la escacez de senderistas y los ciclores que han embestido la región se ha perdido en su totalidad; dejando solo algunas pistas para quienes ya lo han recorrido. Como es el caso de algunos amigas y amigos de este grupo que ya han subido en otras ocasiones.
Lo bueno de mezclar ruta en bici con Senderismo es que después de llegar en bicicleta todavía quedará lo más interesante. Habrá que cambiar el ritmo. La bicicleta descansará debajo de la arboleda de mangos de casa de nuestro amigo Yoan. Las piernas, que han estado pedaleando, tendrán que adaptarse a caminar. Y la mochila volverá a convertirse en protagonista…
Ese cambio me encanta.
Porque viajar no consiste solamente en utilizar un medio de transporte. Consiste en relacionarse de distintas maneras con el territorio. A veces la carretera pide ruedas; otras veces la montaña pide botas (o sandalias). Y esta excursión tiene de las dos.
Pedalear hasta donde comienza el sendero
Hay algo que me atrae especialmente de combinar bicicleta y excursionismo. La bicicleta permite ampliar enormemente el territorio que puedes explorar. Allí donde termina la carretera comienza otra aventura, y la posibilidad de llegar pedaleando hasta las proximidades de una montaña hace que el viaje tenga una continuidad natural:
Primero serán los kilómetros con sus propias experiencias, individuales y colectivas. Después vendrá el bosque, el campamento. Luego el sendero. Y finalmente la cima.
Así lo hemos hecho.
Por otra parte, he encontrado incluso referencias de rutas de bicicleta de montaña que parten del entorno del río San Juan hacia la Loma del Taburete, con unos 4,7 kilómetros de recorrido y un desnivel positivo cercano a los 295 metros. Es una muestra de que esta zona no solo es interesante para caminar, sino también para quienes queremos descubrirla sobre dos ruedas.
Incluso, en el grupo les escucho hablar sobre tiempos en que se podía subir en Bici hasta la cima. Es una lástima que se haya perdido por completo el sendero. Aunque para mí, esa combinación es casi perfecta. Y hasta me siento más completo así: bicicleta, mochila y montaña.
Pasados por agua
No hablamos de guisantes ni aceitunas. Como no todo es color de rosa, hemos tenido que conversar por horas bajo la lluvia, mientras alguna que otra carpa se movía de lugar, por las aguas torrenciales.
Eso no quiere decir que mermó la alegría. Todo lo contrario.
La Sierra del Rosario como escenario
La Sierra del Rosario tiene ese tipo de paisaje que invita a quedarse.
Bosques, ríos, elevaciones, caminos y una naturaleza que parece pedir que bajemos el ritmo. Muy cerca está la comunidad Las Terrazas, uno de los lugares más conocidos de esta región y un punto de referencia para quienes buscan combinar naturaleza, senderismo y turismo rural.
El propio recorrido oficial del Taburete permite pasar por lugares relacionados con la historia de los antiguos cafetales de la zona y, después del ascenso, descender hacia los Baños del río San Juan, donde existen piscinas naturales con encantos legendarios. Sitios de ensueño donde los egos aflojan y las chicas se vuelven más agradables que nunca por el roce poético de combinaciones cósmicas. Jeje.
Así que esto no es solo un sendero. Quiero pensar que es un pequeño viaje dentro del viaje. Similar a la Visita al Parque Topes de Collantes, donde entrelazas varios destinos y senderos dentro de esta inmensa Reserva Natural.
En esta ocasión, tenemos la satisfacción de llegar pedaleando. Montar el campamento. Caminar por el Sendero del Taburete hacia la cima de la montaña. Y compartir con estos amigas y amigos nuevos. Todos con almas mochileras bien dispuestas, de todas las edades y con experiencias admirables.
En fin, contemplar el paisaje, no solo desde la montaña, sino desde las diferentes personalidades que integran grupo.
Ah, no puede faltar el “Tiroteo”. Jaja. Así grita Sandelis, el líder del MCE como la peculiar llamada a la comida. Y, comer juntos, compartir una spaguettada suculenta, se convierte en otro acto de campaña y alegrías.
Una cima con historia
El Taburete también tiene una dimensión histórica que hace que la subida sea, para algunos de los que han emprendido este sendero, algo más que un desafío físico.
Según cuentan, la montaña está vinculada a la preparación de la guerrilla que acompañaría a Ernesto Guevara en Bolivia; y en la cima existe un conjunto conmemorativo relacionado con aquellos combatientes. Fuentes oficiales describen además el lugar como un sitio de referencia para quienes realizan la ascensión desde la comunidad Las Terrazas.
Para mí, como viajero, la verdad es que ese componente histórico no me añade más que otra historia acompañada de guayabas y barras de maní para compartir en la cima, sentir el aire de la victoria del ascenso, y salir pateando leches por la inmensa tormenta que se avecina.
La recompensa de llegar arriba
Según la información disponible sobre la ruta, desde la cima del Taburete se puede contemplar la llanura sur de Artemisa hasta el golfo de Batabanó, mientras que hacia el otro lado aparece el valle del San Juan y la comunidad Las Terrazas; hasta el mar del norte.
Por desgracia, hacia el norte no es posible observar ahora por lo exhuberante de la vegetación, pero ese momento de llegar, no solo por la fotografía, ni para luego contar la historia; sino por esa sensación que aparece después de una subida exigente, cuando el cuerpo está cansado y de repente el paisaje se abre delante de nosotros.
Uno mira hacia atrás y comprende que todo el esfuerzo ha cobrado sentido.
La subida. El calor. El cansancio ante la enredada vegetación. Las piernas… Todo queda compensado durante unos minutos por la vista y la sensación de victoria.
Viajar con poco
Quizá por eso esta salida encaja tan bien con mi filosofía mochilera (aunque nunca la cumpla con disciplina). Para que me entendáis esto de la indisciplina. Al final del camino siempre me sorprendo cargando algunos útiles como café… Tened en cuenta que no lo tomo… Jajaja.
Pero aún así, cada vez estoy más convencido de que viajar no consiste en llevar muchas cosas, sino en aprender a reconocer cuáles son realmente necesarias.
Y la bicicleta me obliga a pensar de esta manera. Porque cada kilogramo cuenta. Cada objeto ocupa un espacio. Por lo que todo tiene que justificar su presencia. Si no, preguntadle a mi colega Pudding, ese inseparable amigo de aventuras.
Y, seamos prácticos, al mismo tiempo, viajar con poco tiene una consecuencia maravillosa: uno empieza a prestar más atención a lo que realmente importa. Un buen saco de dormir, agua, comida, herramientas para la bicicleta, unos amigos que tengan mucho para conversar (como los que conocí en Puerto Escondido)…
Y, el gran juez de todos los viajes, el tiempo, se avalanza como inquisidor férreo.
Una nueva historia para mi bitácora
Hoy soy muy feliz de escribiros esta nueva página en Mi Bitácora de Viajes. Porque mi bitácora no quiere ser solamente un catálogo de lugares visitados. Quiero que sea también un registro de las maneras de viajar. De los caminos que he elegido. Y, sobre todo, de las personas con quienes he cruzado trayectos, miradas y sonrisas.
Comparto con todos mis sobrinas y sobrinos viajeros las veces que he salido solo y de aquellas en las que he tenido el placer de compartir la ruta. De los viajes en tren, en avión, en camello (jeje), de kilómetros sobre la bicicleta y de las montañas conquistadas. De los momentos en que dormir bajo el cielo estrellado ha sido mejor que cualquier hotel 6 estrellas. Y de esas pequeñas aventuras que quizá no aparezcan en ninguna guía turística, pero que terminan siendo las que más recuerdo.
Sé que a veces exagero un poco, o mejor dicho, puede que sea dado a la hipérbole; pero os aseguro, que esta Excursión a la Loma del Taburete será una más de esas historias que atesoro en mi alma mochilera.
Despedida de la montaña al asfalto
Me gusta imaginar el viaje como una transición. Un gesto simbólico por el cual se unen los humanos en sus andanzas. Primero rodamos en Bici, luego caminamos entre los árboles cuesta arriba…
En ambos casos, sin embargo, la filosofía es la misma: ir hacia adelante.
Aprovecho para invitarles a que me inviten. No sé qué encontraremos en nuestros próximos viajes. Pero, si quieren, podemos compartir nuevas aventuras. Lanzarnos a rodar a donde sea, sin importar qué traeremos de regreso, o nos encontraremos al final del camino.
De seguro cargaremos con nuevas historias para contar.
En esta ocasión, y por primera vez en todos mis relatos de viajes, deseo citar palabras de otros colegas aventajados. Os regalo un poema de Dulce María Loynaz, con la esperanza de que me entendáis. Porque encierra, en sus pocos versos, lo que siento de esta excursión.
Poema XXI
El guijarro es el guijarro, y la estrella es la estrella. Pero cuando yo cojo el guijarro en mi mano y lo aprieto y lo arrojo y lo vuelvo a coger… Cuando yo lo paso y repaso entre mis dedos…, la estrella es la estrella, pero el guijarro es mío… ¡Y lo amo!
Porque si algo me ha enseñado el mochileo es que nunca hace falta buscar demasiado lejos para encontrar el amor. A veces basta con mirar el mapa, cargar la bicicleta, ponerse la mochila y decir:
“Vamos. Te acompaño. ¿Me acompañas?”
Vuestro,

