
De La Habana a Placetas en bicicleta: pedaleando hacia mamá
Hay viajes que uno hace para conocer un lugar. Otros, para escapar… Algunos, para buscarse a uno mismo y ser más conscientes.
Luego están esos viajes que uno hace por alguien.
Este Viaje en Bicicleta de la Habana a Placetas ha sido, a la verdad, uno de esos gestos que realizamos por puro compromiso, más que por el encanto mismo de emprender caminos. ¿Qué le vamos a hacer? No todo es color rosa; y, algunas pocas veces, terminamos por ser más mercenarios que mochileros (aunque sea por amor).
¡A rodar!

Un día cargué mi bicicleta, unas cuantas cosas y unos regalos que mi hermana había mandado conmigo desde Moscú para nuestra madre. Yo tenía que llevarlos hasta Placetas, en el centro del país.

Conoces que Cuba está “algo” peor cada día, ¿verdad? El pasaje de un transporte público seminormal ronda el precio de todo un año de trabajo (de solo ida). No exagero. En estos momentos, las rutas en Bicicleta por Cuba no son solo uno de nuestros hobbies.
Así, pensé que había una manera especialmente bonita de hacer este viaje comprometido: pedaleando.
De esta manera comenzó “mi viaje en bicicleta de La Habana a Placetas”, siguiendo buena parte del recorrido (casi todo) por la vieja Carretera Central.
Os confieso:
No llevaba grandes planes turísticos; ni visita a monumentos. No tenía necesidad de tachar lugares de una lista, ni mucho menos, ganas de estrenar la Bici con un viaje como este…
La misión era sencilla: llevar unos regalos a mamá.
Una bicicleta caprichosa…
Con eso bastaba.

Viajar por La Carretera Central de Cuba
Salir de La Habana en bicicleta es comenzar a sentir Cuba de otra manera. Cuando uno viaja en coche, los kilómetros pasan detrás de las ventanillas. En bicicleta, los kilómetros pasan por las piernas y te rozan la cara.
El paisaje se acerca despacio. Los olores llegan sin pedir permiso. El calor se siente de verdad. Los pueblos aparecen poco a poco. Uno escucha los perros, las conversaciones, los motores, los pájaros y ese particular silencio de las carreteras cubanas cuando por un momento no pasa nadie.

Viajar en bici por el centro de Cuba
Cuando pienso en el Centro de Cuba no lo hago pensando en esa ubicación; aunque en verdad lo es. Sino que viajé en Bici hasta allí y la mitad del país estaba apagado.
Como ya eso de la escacez de combustible y otros valores humanos es noticia de todos los cotilleos del mundo, mejor ni perdamos tiempo hablando al respecto. (Además, le tengo miedo al Decreto Ley 35…).
Mejor volvamos al tema de las rutas en bicicleta por Cuba, que son más interesantes y menos peligrosas.
Viaje en bicicleta por la Carretera Central de Cuba
La Carretera Central tiene algo especial.
No es simplemente una carretera de las caracterizadas por el tráfico de un país entero. Es una de esas obras que terminaron convirtiéndose en parte de la historia y de la geografía del país.
Su construcción comenzó en 1927, para ser inaugurada en 1931; llegando a ser hasta el día de hoy Una de las 7 Maravillas de la Ingeniería Civil Cubana. Atraviesa la isla desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí. Conecta poblaciones que ya existían mucho antes de su concepción, y otras cuyo desarrollo quedó profundamente ligado a las comunicaciones por carretera y ferrocarril, en tiempos de la República.
Recorrer Cuba en bicicleta permite descubrir detalles que probablemente pasarían desapercibidos desde un automóvil. A mí hubo uno que me llamó especialmente la atención.
Los puentes elevados
A medida que avanzaba y entraba en los pueblos, la carretera se levantaba. Yo comenzaba a pedalear cuesta arriba. Y entonces se erguía el puente. Un puente elevado que llevaba la carretera por encima de las vías del ferrocarril.
Esta escena parecía repetirse una y otra vez.

La línea férrea quedaba abajo, atravesando el pueblo como una cicatriz antigua que recuerda otra época de esta Cuba bella.
Yo, desde arriba, observaba las vías perdiéndose hacia ambos lados. Me fascinaba aquella convivencia. En especial, por lo repetido que se siente. Es como una identidad gráfica de estos pueblos que se suceden a lo largo de esta vía.
La complicidad rítmica del transporte: el automóvil y el tren. La carretera y el ferrocarril. Dos formas distintas de atravesar la isla, entrelazándose una y otra vez.
En muchos de aquellos pueblos la carretera parecía haber aprendido a saltar por encima del ferrocarril.
Y desde la bicicleta la sensación era todavía más curiosa. Llegabas pedaleando. Subías. Coronabas el puente. Mirabas hacia un lado. Mirabas hacia el otro. Y abajo estaba la vía férrea.
Era como si durante unos segundos pudieras contemplar dos épocas distintas de Cuba al mismo tiempo.
El ferrocarril, que había sido fundamental para el desarrollo económico y para el surgimiento de numerosos asentamientos cubanos, había marcado profundamente el territorio. Mucho antes de la Carretera Central existían ya extensas redes ferroviarias vinculadas especialmente a la industria azucarera. Sé que muchas hoy están en desuso y en ruinas…
Después llegó la carretera. Y allí estaban las dos, sucediéndose una a la otra sin competir. Y en estos casos, a los ingenieros se les ocurrió que en este intervalo una fuese encima de la otra.
Viajar en Bicicleta por Cuba se ve diferente

Pedalear por Cuba tiene algo que no sé explicar del todo. Quizá sea porque la bicicleta elimina esa distancia que normalmente existe entre el viajero y el lugar. En un coche puedes pasar por un pueblo sin detenerte.
En bicicleta, el pueblo te entra por los sentidos. Ves las casas con sus portales multifacéticos. Los niños, los perros, las bodegas. La gente sentada afuera (a quienes con frecuencia les pido agua para beber). Las viejas construcciones. Las estaciones y las huellas del ferrocarril…
Y, por supuesto, esos puentes.

Algunos están cansados ya. Otros, parecen haber sobrevivido a muchas décadas de sol, lluvia y abandonos. Pero siguen allí, un detalle más del paisaje; que forma parte de esa Cuba normal, al salirse de las rutas habituales.
Pedalear con un propósito
Entre mis confesiones acostumbradas, debo deciros que no soy ciclista. Amo la Bici, pero no me considero en condiciones, ni experiencia, ni horas encima de una como para considerarme ciclista. Sin embargo, mi amor por ellas me permite defender esta relación que no va más allá de viajero-transporte.

Ya una vez hice un recorrido de 5 Días entre Russia y Bielorrusia. Pero acá este es mi primer viaje en bici de “larga distancia”
¿Recuerdas que te comenté el propósito de este viaje? Cada vez que las piernas protestaban, yo sabía por qué estaba pedaleando. No intentaba batir un récord. No quería demostrar nada. No estaba haciendo una competición conmigo mismo.
Llevaba unos regalos para mamá. Y eso cambia las cosas.

Cuando uno viaja con propósito, hasta el cansancio parece tener otro significado. Cada kilómetro sabía el destino. Cada pueblo que dejaba atrás, cada puente que subía me acercaba a Placetas.
Con ese calor que sentía sobre la espalda pensaba que, al final del camino, alguien sería feliz cuando abriera aquellos regalos. Y mi otra hermana, a casi 10.000 millas de distancia, también se sentiría satisfecha de este viaje en bici.
Y entonces la bicicleta volvía a sentirse ligera. No porque pesara menos. Sino porque uno sabe para qué está haciendo el esfuerzo. Y al final, aunque son más de 300 kilómetros; la voluntad se pule y brilla de alegría triunfante.
(Por eso amo tanto los viajes…)
El paisaje que pasa despacio

Hay algo maravilloso en viajar sin prisa. La Carretera Central os muestra una Cuba diferente a la que aparece en las postales.
No es la de playas turquesas; ni Plazas Coloniales de La Habana Vieja; ni de los grandes hoteles en Trinidad o los cayos…
Es otra Cuba llena de apagones y bullicios, de pueblos pequeños con las casas a puertas abiertas; donde la gente sigue haciendo su vida al borde del camino. Porque así se vive esta vida: a fuerza de voluntad como mismo se pedalea…

La Cuba interior de campos que se suceden, de carreteras gastadas y viejos puentes.

Mientras yo iba pasando por todo aquello con mi bicicleta; a veces rápido, a veces despacio. Y siempre, con la sensación de que cada pedalada era una manera distinta de mirar mi propio país.
Viajar en Bicicleta es andar ligero

En el fondo, este viaje tenía mucho de mi manera de entender el mundo. Por eso considero tan cercana la Bici a mi Mochila.
Porque soy de los que abogan por viajar ligero. No necesitar demasiado. Salir con lo imprescindible (aunque casi siempre termino por cargar más de lo que necesito).
Viajar en Bici es aceptar que el camino gobierna. Parar cuando hace falta. Seguir cuando se puede. Hablar con quien aparece. Eso sí, dentro de lo más posible, mirar; mirar y escuchar.
Sobre todo, dejar que el viaje te sorprenda.
Eso es también el espíritu mochilero. Solo que esta vez mi mochila tenía dos ruedas. Y yo unas piernas obligadas a hacerlas girar.
Cuando el destino es una persona

Hay destinos que aparecen en un mapa. Esta vez era Placetas. Pero, para mí, el verdadero destino no era esa ciudad.
Era el compromiso materno. Y esto hace que el viaje tenga una dimensión especial. Porque a veces creemos que viajar consiste en alejarnos. Y este viaje me recordó exactamente lo contrario:
a veces viajamos lejos para acercarnos a alguien.
Yo salía de La Habana y avanzaba hacia el centro de Cuba. Kilómetro tras kilómetro. Puente tras puente. Pueblo tras pueblo. Y mientras avanzaba, los regalos de Moscú seguían allí, acompañándome.

Un pequeño pedazo de Russia viajando sobre una bicicleta por las carreteras de Cuba, para llegar a las manos de una madre y una hermanita. Digo más, con este cansancio de cientos de kilómetros de recorrido, con un gesto de cariño y un ápice de gratitud, abrazaba a mi hermana moscovita.
¡Qué hermosa manera de viajar!
Ha llegado a su destino

Finalmente llegué. Ufff. Vale, vale; creo que mejor debo decir, llegó Placetas. Y con ella llegó también ese momento que todo viajero conoce. El instante en que termina el camino.
La bicicleta se detiene. Las piernas descansan. Yo me lanzo a reposar acostado en el piso…
Y uno mira hacia atrás intentando comprender todos los kilómetros que acaba de recorrer.
Pero esta vez había algo más.
Había una madre con una hermana menor esperando. Y había una historia que contar.
No sé si los regalos eran grandes. Estoy casi seguro que sí. Pero de lo que estoy consciente es que habían recorrido un largo camino.
Desde Moscú a Kazán en tren. En la República rusa asiática de Tartarstán subieron a un avión para luego entre decenas de horas de viaje, hicieron escala en Estambul, Bogotá, Panamá, La Habana.
(Esto culpa de la crisis de combustible en los países no alineados…)
Y desde La Habana a Placetas en bicicleta.
¡Quizá por eso me gusta tanto viajar!
Porque un viaje puede transformar un objeto sencillo en una historia. Un regalo puede convertirse en una aventura. Una carretera en un recuerdo. Los puentes sobre las vías de tren pueden quedarse grabados para siempre.
Y un viaje en Bici por Cuba puede llevarte mucho más lejos de lo que indican los kilómetros.
A veces te lleva hasta un paisaje. Algunas hasta un pueblo. Otras hasta una parte desconocida de tu propio país.
Y, algunas veces -ojalá se repitan-, las mejores…
La bici te lleva hasta mamá.

Ahora, me dispongo a regresar por donde mismo he venido. Con la satisfacción de haber viajado una vez más en Bici y, a su vez, dormir tranquilo con mi almohada.
Abrazos con sabor a carreteras,
Vuestro,
P. s. Quiero dejarles un detalle a raíz de la pregunta de un colega: mi forma de pedaleo a larga distancia.
Acostumbro a dividir el día en varias jornadas uniformes que respeto más o menos, según las circunstancias. Porque a la larga, no son una norma escrita. Pedaleo de 5 de la mañana a 12 del día, y de 5 de la tarde a 12 de la noche; para descansar las horas de más calor y de más sueño.
Trato de avanzar entre 80 y 100 kilómetros en cada jornada de 5 a 7 horas; sin camisa de fuerzas, pero tratando de avanzar lo más posible.
Lo ideal, para mí, es recorrer unos 200 kilómetros diarios.
Este viaje lo hice en cuatro jornadas hacia allá; regresé en tres, exactamente por el mismo camino. Y venía mucho más cargado…
Ah, algo más, para esto usé Maps.me, aunque en la actualidad uso Organic Maps. Ambos son App de mapas offline, pero el segundo me parece un tanto más ligero.
No sabía de Bikemap. Acabo de instalar esa app. Luego, cuando la experimente, os comento sobre ella. O, si le conocéis, por favor, dejadme algún comentario sobre ella.
