
MUNATI, el Museo Nacional del Títere de Huamantla: donde México guarda el alma de sus Marionetas
Sobrinas y sobrinos amantes de conocer nuevos lugares, en el poco rato que he conocido México, llevo mucho de su gran encanto, y de su gente linda de verdad; pero existe un lugar que hoy ha ocupado un espacio inmenso en mi corazón: el Museo Nacional del Títere de Huamantla.
Desde que llegué acá no había podido entrar a sus salas por el correr del 41 Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda…
Pero esto no es un Museo, Jolín, esto es la Hostia, un paraíso histórico, emotivo, mágico.
Un museo que se visita con los ojos, pero se comprende con el corazón

Sé que la mayoría de las veces nos acercamos a estos lugares por curiosidad, e incluso, en muchas ocasiones forman parte de nuestra propia vida cotidiana. Pero hay, a la verdad, espacios maravillosos que van más allá de tiempo, diálogo y espacios.
Para mí, titiritero apasionado y con algo de locura, el Museo Nacional del Títere de Huamantla, conocido como MUNATI, pertenece a esta categoría de sitios que se va más allá de toda espectativa. Adalett y yo (Títeres del Alma) hemos llegado a México para participar en el 41 Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda, el Festival de Títeres más antiguo de Iberoamérica.
La experiencia ha sido genial, pero entre las funciones y los encuentros con otros artistas –y mucha comida riquísima, hemos tenido la oportunidad de descubrir un patrimonio que merece todo nuestro cariño y respeto.
Lo primero es que El MUNATI ocupa una histórica casa del siglo XVIII situada en el centro de Huamantla, en Tlaxcala. Inaugurado el 9 de agosto de 1991, reúne más de quinientos títeres de distintas épocas, técnicas y procedencias. Sus salas permiten recorrer una historia que atraviesa culturas y continentes, desde las tradiciones mexicanas hasta figuras procedentes de Asia y Europa.
Os garantizo que aquí encontraréis de todos los referentes y épocas del Teatro de la Animación; porque en palabras del Maestro Villafañe, el gran loco argentino y que podéis leer en la Home Page del sitio oficial del Museo Nacional del Titere de Huamantla: “son tan antiguos como el hombre mismo”.
Pero, entre todas estas riquezas de la Historia de los titeres en Mexico y en el mundo, hay un legado que convierte este lugar en una referencia imprescindible para quienes amamos el teatro de figuras: el legado de la Compañía Rosete Aranda.
Ignacio Antonio Tapia Echávarri: la conversación que valió por toda una conferencia magistral

Durante nuestra estancia en Huamantla, como viajero al fin, lleno de interrogantes y ansias de conocer los espacios donde estoy, he atiborrado de preguntas y conversaciones a cuantos tengo a mi alrededor. Pero, cómo imaginar que, mientras esperábamos el transporte que nos llevaría a nuestra siguiente presentación en el Teatro Xicohténcatl, de Tlaxcala, recibiría el regalo en voz del propio Ignacio, “Nacho”, –para los amigos–, quien nos alcanzó en medio de nuestro recorrido para contarnos, de manera abreviada, los pilares del gran tesoro del MUNATI.
Fue un regalo de Dios esta conversación espléndida con el señor Tapia Echávarri, director del MUNATI. Lo que comenzó como una explicación sobre el museo terminó convirtiéndose en una auténtica conferencia magistral sobre la historia de la ciudad, sus tradiciones y los orígenes de una de las compañías de títeres más extraordinarias de México.
Nacho habla de Huamantla con un encanto y un orgullo que se contagian. Mientras lo escuchaba, comprendí que detrás de este museo no hay únicamente una colección de piezas antiguas, sino una historia profundamente ligada a la identidad de este pueblo.
Me habló de la importancia geográfica de Huamantla, situada en una región estratégica entre los caminos que conectaban el Real Puerto de Veracruz con la Ciudad de México. Su explicación me permitió comprender cómo la posición de esta zona favoreció el tránsito de personas, mercancías e ideas.
Sin embargo, lo que más me emocionó fue escucharle reconstruir los primeros pasos de los cuatro hermanos Aranda.
Como titiritero, uno siente curiosidad especial por conocer cómo empezó todo, quién tuvo la primera idea, de qué materiales nacieron aquellos muñecos y qué sucedió para que una afición familiar terminara convirtiéndose en una empresa artística de semejantes dimensiones.
Aquella conversación me recordó algo que a veces olvidamos cuando visitamos un museo: la importancia de las personas que estudian, conservan y transmiten su historia. Nacho no se limitó a mostrarme un patrimonio; me ayudó a comprender por qué merece ser protegido.
Los hermanos Aranda: cuando un Belén cobró vida

Para comprender la historia de los Rosete Aranda tenemos que regresar a 1835, al barrio de San Lucas, en Huamantla. Allí vivían los hermanos Julián, Hermenegildo, Buenaventura y María de la Luz Aranda, quienes ya destacaban por su habilidad artesanal, especialmente en el modelado de figuras de barro.
Según me cuenta Nacho –y yo les comento escasamente–, el párroco de la comunidad conoció sus habilidades y los invitó a preparar un nacimiento para las celebraciones navideñas. Los hermanos aceptaron el desafío, pero no se limitaron a construir figuras inmóviles. Se encerraron en una habitación de acceso prohibido, casi monástico y crearon…
El Belén más loco de la Historia
Allí estaba.
Cuando aquella habitación abrió a la comunidad de Huamantla se encontraron frente a:
“personajes articulados, capaces de moverse mediante alambres y mecanismos sencillos. El resultado sorprendió a la comunidad y abrió la puerta a nuevas representaciones, entre ellas una pastorela”.
Me gusta imaginar aquella escena: una comunidad expectante reunida para contemplar el nacimiento, unas figuras que comienzan a moverse y la sorpresa de descubrir que aquellos personajes parecen tener vida propia (y por supuesto, no eran dos o tres muñecos). Lo que para algunos pudo ser una novedad artesanal se convirtió en el comienzo de una historia artística que atravesaría generaciones.
Los primeros muñecos evolucionaron con el tiempo. La familia perfeccionó sus técnicas, pasó de las figuras iniciales de barro a títeres de madera, mixtos, y desarrolló mecanismos que permitían movimientos cada vez más complejos.
Honor a quien honor merece. Vale destacar, me cuenta Nacho, en ese proceso también fue importante el contacto con Margarito Aquino, conocido como Margaraje, quien contribuyó al desarrollo de sus habilidades titiriteras desde edades tempranas.
Pensar que una tradición tan importante comenzó con la creatividad de unos hermanos y una invitación para preparar un nacimiento me parece maravilloso. A veces, las grandes historias del arte empiezan de una manera sencilla, en el seno de una familia, sin que nadie pueda imaginar hasta dónde llegarán.
De los Aranda a los Rosete Aranda: una compañía extraordinaria

Con el paso de los años, la actividad de los hermanos fue creciendo y sus espectáculos comenzaron a llegar a nuevos públicos.
Los Rosete Aranda aparecen cuando los Aranda ya eran “famosos” y se presentaban en Ciudad México… El señor Rosete, con visión empresarial, se acerca a los Aranda para fundar la compañía. En palabras hilarantes del señor Ignacio:
“puede que sea la gran historia de amor, pues, con el tiempo Antonio le pide a uno de los hermanos que le enseñe a ser titiritero. Se cree que Rosete, detrás de esa petición solo escondía su amor por María, pues a los cinco años se casaron”.
El encuentro de María de la Luz Aranda con Antonio Rosete dio origen a la dinastía familiar que conocemos como Rosete Aranda, cuyo nombre quedaría ligado para siempre a la historia del teatro de títeres mexicanos; legado que hoy, el MUNATI continúa defendiendo. Una de esas muestras de pasión y fidelidad es esta 41 Edición del Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda.
Los Montajes de la Compañía Rosete Aranda

La compañía mantuvo su actividad durante más de un siglo y varias generaciones continuaron el trabajo artístico y empresarial.
Aquellos titiriteros no se conformaban con pequeños números aislados. Desarrollaron espectáculos de una enorme complejidad, con centenares de muñecos, escenografías, música y una variedad de escenas que asombraban al público.
Durante su época de mayor esplendor llegaron a contar con más de quinientos títeres y un repertorio de más de doscientos argumentos, presentados en importantes teatros y en giras por distintas regiones. Incluso contrataban orquestas enteras muchas veces, para sostener la música.
Imaginar semejantes montajes me hace pensar, primero en lo pequeño de nuestro trabajo y cuánto nos falta por crecer, luego en lo que debía esconderse detrás de cada función: fabricar y vestir los personajes, diseñar sus movimientos, preparar los decorados, coordinar a los manipuladores, músicos, y conseguir que cientos de pequeños protagonistas parecieran formar parte de un mundo vivo.
Hoy, cuando muchos grupos trabajamos con recursos limitados y debemos resolver con creatividad cada dificultad, conocer una historia así despierta admiración, y nos espolea a trabajar más y quejarnos menos.
Los Rosete Aranda demostraron que los títeres podían alcanzar una dimensión escénica monumental sin perder su capacidad de sorprender al público.
Los muñecos originales: un patrimonio que merece ser conservado

Durante mi conversación con Nacho conocí también detalles sobre la procedencia de las piezas de los Rosete Aranda que se conservan hoy en el museo. Según me explicó, toda la colección estupenda que hoy podemos apreciar en el MUNATI fue adquirido –por precio– a los familiares y sucesores de la compañía.
Aunque parezca sorprendente, así sucede a veces. Cuando la tradición familiar se pierde, y solo queda en la mente de sus sucesores el valor mercantil, rara vez aparecen donaciones sinceras, espontáneas, por defender el legado artístico que les precede, mucho menos, la identidad de un pueblo.
Vale. Lo importante es que estas figuras han llegado hasta nuestros días y pueden ser contempladas por nuevas generaciones. Muchas de ellas son testigos de una forma de hacer teatro que exigía una extraordinaria combinación de artesanía, imaginación, técnica y trabajo colectivo.

Un títere antiguo no es solamente un objeto bonito detrás de una vitrina. En sus manos articuladas, sus rostros pintados y sus vestuarios se conserva una parte de la memoria de quienes lo fabricaron y de los artistas que le dieron vida ante el público. Cuando desaparece un muñeco de estas características, perdemos también una parte de la historia material del espectáculo.
Por eso la conservación es tan importante. La madera, los tejidos, los mecanismos y los materiales pictóricos sufren con el paso del tiempo, y requieren cuidados especializados para evitar que la humedad, los insectos y el deterioro terminen destruyendo piezas irreemplazables. El trabajo de investigación, documentación y restauración forma parte esencial de la protección de este patrimonio.
MUNATI, Huamantla, un faro para el arte de los títeres

Después de conocer el MUNATI y conversar con su director, resulta difícil separar la historia del museo de la propia identidad de Huamantla. Esta ciudad no solamente vio nacer una de las grandes tradiciones titiriteras de México, sino que mantiene un espacio dedicado a conservarla, estudiarla y compartirla con el público.
¡Y vaya espacio!
El MUNATI forma parte de un tejido cultural más amplio en el que participan investigadores, especialistas, artistas, instituciones y habitantes que reconocen el valor de esta herencia. A ello se suma el Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda, que permite el encuentro de compañías y culturas distintas y mantiene vivo el vínculo entre el patrimonio histórico y la creación contemporánea.
Para mí, Huamantla es un faro maravilloso para la protección del arte de los títeres. No porque todo esté hecho o porque no queden retos por delante, sino porque aquí existe una memoria que se cuida, un museo que la hace accesible y personas que trabajan para que las nuevas generaciones puedan conocerla.
Y el factor más importante de este Museo yace en las personas, su público. Ayer mismo, para la presentación uruguaya de la Compañía de Teatro de Objetos “Coriolis”, en la Sala Teatro del MUNATI, Ignacio agradecía al público de Huamantla por su fidelidad y amor a este espacio.
Me llevo una gratitud especial hacia Nacho por el tiempo que nos dedicó, y por la pasión con la que comparte sus conocimientos. También hacia los especialistas del museo y hacia la gente de Huamantla, que nos ha recibido con una calidez extraordinaria durante nuestra estancia en México.
El Museo Nacional del Títere de Huamantla crece

Para este 2026 se acaban de alistar tres nuevas salas expositivas. El colectivo de especialistas y trabajadores en general del Museo trabaja fuerte para montar la nueva exposición que ha venido desde Bellas Artes, trescientas piezas esperan en almacén para ser expuestas al público en 2027. La gobernadora de Tlaxcala ha donado al Museo 6 vitrinas similares a las existentes para estas tres salas.
Despedida mágica
Como titiritero cubano, siento que la historia de los Rosete Aranda pertenece también, en cierta manera, a todos los que seguimos trabajando con muñecos y personajes. Las técnicas pueden cambiar, los escenarios pueden ser diferentes y cada compañía tiene su propia forma de contar historias, pero nos une una misma convicción: cuando un objeto cobra vida ante el público, ocurre algo que ninguna vitrina puede contener por completo.

Por eso invito a quienes visiten Huamantla a reservar unas horas para conocer el MUNATI. Y, si tienen la oportunidad, a conversar con las personas que allí trabajan. Yo no os hubiese podido escribir esta página sin aquella conversación magistral. Porque los museos conservan objetos, pero son las personas quienes nos ayudan a comprender su verdadero significado.
Yo salí de aquella conversación con Nacho admirando todavía más este oficio y sintiendo que, entre las calles de Huamantla, México guarda una parte imprescindible de su alma titiritera.
Hoy me despido con otra firma más formal, porque el aura mágica de ese museo me hace despediros con cuello y corbata. Les aprecio mucho a todos.
Luciano Puentes
Mochilero, titiritero y autor del Blog mibitacoradeviajes.com.
P.s. Os debo aclarar que mi impresión ante el Gran Museo Nacional del Títere de Huamantla, y más la conferencia que nos regaló Don Ignacio fueron los detonantes para escribir esta página. Pero también utilicé, además de la información ofrecida por el Director del Museo, lo documentado en el sitio oficial del Museo Nacional del Títere de Huamantla, en el estudio del CITRU sobre la compañía Rosete Aranda y en el Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura de México.
Os dejo una pequeña galería del Museo NAcional de los Títeres de Huamantla
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Mi gente, soy mochilero de cuerpo y alma. Esta es mi bitacora de viajes. Acá les dejo mis aventuras, junto con mucha info útil para sus escapadas.
Nos vemos por las calles del mundo.


