
Mi primera impresión de México: tacos, reencuentros y camino a Huamantla
Hola, mis queridos sobrinas y sobrinos, hoy quiero contarles sobre mi llegada a México y, aunque todavía no he tenido tiempo de visitar prácticamente nada, ya os tengo una historia que merece ser contada. Porque los viajes no siempre comienzan con una fotografía frente a un monumento famoso como el Zócalo, una caminata por el centro histórico o una excursión a esos lugares que uno lleva meses imaginando. A veces, las mejores historias empiezan en una estación de tren, después de un vuelo, con la mochila a cuestas y una sorpresa que jamás se me habría ocurrido incluir en el itinerario.
Mi primera impresión de México fue bastante sencilla. Después de bajar del avión, tomé el tren suburbano hasta la estación Buenavista, en Ciudad de México, la última parada de mi recorrido. Allí había quedado con un amigo al que conocí hace tiempo en Luxor, Egipto.
Sí, has leído bien: ¡en Luxor, Egipto!
¿Quién me iba a decir entonces que volveríamos a encontrarnos a mi llegada a México? Ni él ni yo necesitábamos viajar hasta allí con la intención de reunirnos cuando nos conocimos, pero así es la vida del viajero: uno camina, conoce personas, comparte conversaciones, sigue su camino y, cuando menos lo espera, vuelve a coincidir con ellas en otro rincón del planeta.
Erick estaba allí esperándome, y aquel encuentro convirtió mi llegada en algo mucho más especial que un simple traslado desde el aeropuerto. Hay amistades que nacen durante los viajes y que, aunque después cada cual continúe su aventura, permanecen en algún lugar de la memoria. Volver a ver a una de esas personas, lejos del sitio donde os conocisteis, es comprobar que el mundo es inmenso, pero que a veces parece bastante más pequeño de lo que imaginamos. Egipto quedaba atrás, México estaba comenzando a abrirse ante mí y, en medio de todo aquello, nos encontramos como dos viejos compañeros de camino.
Mi llegada a México: tacos, calles y nuevas sensaciones
Como todavía tenía que esperar a los colegas que vendrían a recogerme para llevarme hasta Huamantla, aprovechamos el tiempo para compartir un rato. Erick me invitó a comer tacos, y no se me ocurre una manera más sabrosa de empezar a conocer un país que sentarse a la mesa y dejarse llevar por sus comidas populares. Yo acababa de llegar, todavía estaba ubicándome y tratando de asimilar que, después de tantos kilómetros, ya me encontraba en México. No había comenzado aún la aventura de mi Viaje a México de verdad, pero aquel primer encuentro me permitió empezar a sentir el ambiente de la ciudad sin prisas ni obligaciones turísticas.

Después de comer, dimos una vuelta por los alrededores de la estación Buenavista. No fue una gran excursión ni un recorrido por los principales atractivos de la capital, sino uno de esos paseos espontáneos que hacemos los mochileros cuando llegamos a un lugar nuevo y necesitamos empezar a reconocerlo. Miraba a mi alrededor, observaba el movimiento de la gente y me acostumbraba poco a poco a estar en una ciudad que hasta entonces solo formaba parte de mis planes y de mi imaginación.
Siempre he pensado que viajar no consiste únicamente en visitar sitios famosos y coleccionar fotografías. También significa prestar atención a lo cotidiano, dejarse sorprender por una conversación, sentarse a comer donde comen los demás y caminar por calles que todavía no conocemos.
En ese primer paseo no pretendía descubrir Ciudad de México en unas horas; simplemente quería comenzar a tomarle el pulso, mirar con curiosidad y disfrutar de la experiencia de estar, por fin, en un país nuevo.
Una tarjeta SIM, un café y la espera de mis compañeros
Entre una cosa y otra, tenía que resolver una de esas necesidades prácticas que hoy forman parte de casi cualquier viaje: conseguir conexión a internet. Compré una tarjeta SIM para poder comunicarme, consultar información y mantenerme conectado durante los días que tenía por delante. Para un mochilero, disponer de internet puede facilitar muchas cosas, desde localizar una dirección hasta coordinar un encuentro o encontrar el camino hacia un alojamiento. No es precisamente la parte más romántica de viajar, pero también hay que ocuparse de esos pequeños detalles para que la aventura pueda continuar.
Nota viajera:
Ya tengo que comenzar a expresaros una papa podrida. Este año, como parte de las políticas de los gobiernos por controlar cada vez más, al igual que en Rusia y…, ya tienes que entregar todos tus documentos datos biométricos…; tan solo para obtener una simple Tarjeta SIM.

Luego nos sentamos a tomar un café mientras esperábamos a los organizadores del festival que vendrían a recogerme. Y allí, entre la conversación, el café y la espera, tuve uno de esos momentos tranquilos que también forman parte de cualquier viaje. No había tenido tiempo de recorrer la ciudad, ni de entrar en sus museos, ni de contemplar sus grandes monumentos. Mi primera impresión de México estaba hecha de encuentros, comida, calles y pequeños preparativos. Pero ¿acaso no es así como comienzan muchas de las historias que después recordamos con más cariño?
La espera terminó cuando llegaron los colegas de Huamantla. Con ellos comenzaba una nueva etapa de este viaje, esta vez vinculada a nuestro trabajo con los títeres y a la participación en el 41 Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda. Antes de poner rumbo a nuestro destino, todavía teníamos que hacer una parada importante: ir al otro aeropuerto para recoger a Adalett, mi compañero de aventuras y escenarios teatrales.
De Ciudad de México a Huamantla: comienza la aventura de Títeres del Alma

Nos dirigimos al otro Aeropuerto (Benito Juárez) para encontrarnos con Adalett y, una vez reunidos, emprendimos el camino hacia Huamantla, en el estado de Tlaxcala. Así, casi sin darme cuenta, mi primera jornada mexicana fue pasando de un encuentro inesperado a otro, desde la estación Buenavista hasta la carretera que nos llevaría a nuestro destino.
Este viaje tiene un significado especial porque no he venido solamente a conocer México como mochilero. Adalett y yo viajamos también como titiriteros, invitados a compartir nuestro trabajo artístico en un festival que nos permite acercarnos a otros públicos, conocer nuevas experiencias junto al trabajo de muchos colegas invitados, y seguir defendiendo ese teatro que puede viajar en una mochila, instalarse en un pequeño escenario y hacer felices a niños y familias.

Con Títeres del Alma hemos aprendido que no hace falta tener grandes recursos para llevar una historia hasta una comunidad; hacen falta imaginación, voluntad y muchas ganas de seguir haciendo camino. (Ya estoy ansioso por presentarnos ante este público mexicano y disfrutar de las funciones de los demás grupos invitados).

Huamantla me esperaba, junto con el 41 Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda y todo lo que todavía estaba por descubrir. La Ciudad de México tendría que esperar un poco más para que pudiera recorrerla con calma. De momento, mi primer contacto con el país había sido mucho más humano que monumental: un amigo reencontrado, unos tacos compartidos, un paseo alrededor de una estación, una tarjeta SIM, un café y el abrazo de una nueva aventura que comenzaba en compañía de Adalett.

Cuando uno viaja con el corazón abierto, nunca sabe exactamente dónde va a encontrar la primera gran historia de un destino. Yo pensaba que mi llegada a México sería simplemente el comienzo de un nuevo recorrido, pero Erick, aquel amigo de Luxor, Egipto, me recordó que los viajes no terminan cuando abandonamos un país. Las personas que conocemos siguen viajando con nosotros, aunque pasen los años y nos separen miles de kilómetros.
Y aquí estoy, por fin en México, con la mochila lista, la curiosidad despierta y muchas ganas de descubrir lo que me espera. Esta ha sido solamente la llegada. Ahora comienza el viaje de verdad, y espero poder contarlo desde estas páginas, con los ojos de un mochilero que disfruta tanto de los grandes paisajes como de las pequeñas historias que encuentra por el camino.
Porque, al final, viajar es precisamente eso: salir a descubrir el mundo y dejar que el mundo nos sorprenda.
Abrazos de cariño (lleno de asombro infantil ante esta primera impresión)
Vuestro,
Tío Lucio el Viajero.
Os dejo estas tres imágenes más sobre este primer Viaje a México:



Mi gente, soy mochilero de cuerpo y alma. Esta es mi bitacora de viajes. Acá les dejo mis aventuras, junto con mucha info útil para sus escapadas.
Nos vemos por las calles del mundo.



