
La increíble Bogotá desde la ventanilla del avión: Colombia, que todavía me espera, o la espero…
Sobrinas y sobrinos queridos, sé que lo normal es contarles desde la experiencia vivida… Hoy deseo escribiros desde la añoranza, sobre uno de los países que llevo mucho tiempo soñando con visitar. Colombia pertenece a esos lugares que tengo pendientes, y que siento muy cercanos.
Uhmmm. Mi primera vez en Colombia ha sido un fracaso viajero. Estar ahí y no poder recorrerle. Ver a Bogotá desde el avión es el detonante para escribiros esta página.
En realidad, Colombia es uno de mis Top países favoritos de América, aunque tengo que hacer una confesión: todavía no he recorrido sus calles, no he dormido en sus pueblos, no he caminado por sus montañas…, ni me he sentado en una plaza colombiana a conversar con alguien.
Todavía no.
No tengo la más remota idea de por qué le amo, pero le amo, sí, le amo a escondidas. Sin saber a ciencia cierta por qué. Pero así van las cosas cuando son del alma.
Y digo «todavía» porque tengo la sensación de que en algún momento –no muy lejano–, voy a caminar por esas tierras. Viajar por Colombia en Bicicleta será uno de esos retos que cumpliré, de sí o sí, cuando tenga la oportunidad.
Además, creo de seguro que un destino comienza mucho antes de que pongamos los pies en él. Venga ya, os aseguro que recorreré toda la Comunidad Andina.
Bogotá desde el avión
Me embullo a escribir este encuentro sin encontrarnos, porque es una espina trabada en la garganta. Lo que sucede es que estuve más cerca de lo que imaginaba (aunque no estuve).
Venía viajando desde Moscow hacia La Habana en un vuelo de Turkish Airlines, cuando el avión hizo escala técnica en Bogotá.
Y ahí apareció esa impresión extraña que solamente quienes viajamos mucho, o tal vez, todo lo contrario, quienes anhelamos viajar y muchas veces no podemos… La sensación infantil de querer algo y tenerlo vedado. De amar a alguien y no te mira con los mismos ojos. Vaya, puede que a ustedes nunca les haya sucedido algo similar; ¿vale? A mí sí.
Estuve en Bogotá Colombia, pero no pisé un centímetro cuadrado

Es triste tener que contarles desde la no presencia, pues no fue una visita turística. No recorrí La Candelaria. No subí al Monserrate. No probé las añoradas arepas en una calle bogotana. No caminé por sus famosos mercados. No conversé con los colombianos y colombianas que tantas veces he deseado. Vaya, ni siquiera pisé el aeropuerto.
Estaba en Colombia, pero no podía bajar del avión.
¡Qué cosa! Durante unas horas aterricé en tierra colombiana, y tuve que conformarme con verla a través de la ventanilla del avión. Ah. Eso fue suficiente para despertar todavía más las ganas de Viajar por Colombia.
Miré a través del cristal y pensé en todas esas carreteras que algún día quisiera recorrer, en las montañas, en los pueblos, en las ciudades, en las playas… y en esa diversidad de paisajes que hacen que Colombia sea uno de los países que más curiosidad me despiertan de América.
Os puedo asegurar que no bajé del avión, pero la Bogotá que entró por mi ventanilla arropó mis ansias viajeras.
Una escala técnica tiene poco de turística
Estoy seguro, como os he dicho otras veces, que los viajes comienzan antes de tomar la Mochila. Pero tal vez esta sea una de las formas más extrañas de comenzar un viaje. Una escala técnica no es precisamente esa escala soñada por cualquier mochilero. No tienes tiempo para decir: «Voy a dar una vuelta y conocer la ciudad».
El avión aterriza, se bajan los pasajeros que han llegado a su destino, y comienza todo el movimiento necesario para preparar el vuelo que continúa.
De repente empiezan a llegar trabajadores con sus máquinas aspiradoras, sus sacos de basura, los paquetes nuevos para reponer, las escobas, las órdenes de: «Pasajeros que continúen viaje rumbo a Panamá, mantenerse en sus asientos».
Je, je. Es una vorágine literal. Casi parecían correr. Personas entrando y saliendo. Equipos de limpieza. Personal revisando diferentes partes del avión. Puertas que se abren y se cierran. Gente moviéndose por los pasillos…
¡Qué locura!
En parte lo disfruto. Es la primera vez que presencio una escala técnica de este tipo. Y, esas personas con un acento español diferente al mío son, en definitivas, los únicos colombianos que veré por ahora en este país.
Yo, mientras tanto, miraba todo aquello desde mi asiento y pensaba: «Bueno, Lucio, parece que esta vez Colombia va a tener que esperar. Uhm, pero, tranquilo, se acerca, poco a poco se acerca».
La brigada que puso el avión patas arriba
Una de las cosas que más me llamó la atención fue la brigada que subió a limpiar el avión. Aquello parecía una pequeña coreografía perfectamente ensayada, aunque desde mi asiento se veía como un caos absoluto.
Pero si le prestamos atención, unos entraban, otros salían. Nunca chocaban entre ellos, cada uno iba por el pasillo y el lugar en la fila que le correspondía. Marchaban a paso apresurado, pero sin correr. Los primeros recogían la basura regada por todo el avión, otros les seguían con las máquinas de limpieza. Casi de último, van detrás reponiendo algunos artículos…
Se movían por los asientos, los pasillos y las diferentes zonas del avión con agilidad centelleante. Y mientras ellos trabajaban a toda velocidad, yo observaba. Me gusta mucho mirar todo lo que sucede alrededor.
Ser viajero es también esa manera de observar a cuantos te pasan por el lado. No me interesan los temas de conversación ajenos; sin embargo, sí me llama mucho la atención ver cómo lo hacen, como conversan, los gestos que usan… En especial, las expresiones de cariño y las formas en que se hablan sin mencionar palabra alguna.
Viajar no es solo visitar lugares, es mirar a quienes tienes en torno a ti. Está la gente que trabaja mientras nosotros descansamos; quien carga una maleta; quien limpia un avión; quien conduce un autobús; quien cocina mientras todos conversamos; quien hace posible que miles de personas podamos desplazarnos de un país a otro (por desgracia, los hay quienes impiden que viajemos).
Aquella brigada colombiana estaba trabajando mientras yo miraba por la ventanilla un país que todavía no he podido conocer. Y pensé que de alguna manera, también ellos formaban parte de mi pequeño encuentro con Colombia.
Meditaba yo en mis cavilaciones mochileras cuando ya subían los nuevos pasajeros para despegar…
Bogotá a través del Cristal
Cuando uno mira una ciudad desde un avión no la conoce realmente. Eso lo tengo claro. No podría ser otra cosa. No puedo decir que conocí Bogotá porque vi sus luces, sus edificios o sus montañas en una pequeña escala técnica.
Pero sí puedo decir que me emocionó verla.
Desde aquella ventanilla comencé a pensar en una futura llegada a Bogotá, esta vez con los pies en tierra. Guao, ¿cómo sería mi primera vez en Colombia? Con quién, por dónde, cuando…
Lo primero que quiero conocer al Viajar a Bogotá

Cuando finalmente pueda viajar a Colombia, Bogotá estará entre mis primeras paradas.
Quiero caminar por La Candelaria, perderme por sus calles, mirar sus fachadas y entrar en aquellos lugares que me encuentre sin haberlos buscado previamente (así fue como conocí el sabor del Chak Chak, en la República de Tatarstán).
Quiero conocer la Plaza de Bolívar y sentir esa mezcla de historia, arquitectura y vida cotidiana que tienen las grandes plazas latinoamericanas.
Quiero visitar el Museo del Oro, no solamente por las piezas que guarda, sino por todo lo que representa para comprender las culturas que existieron en este territorio mucho antes de la llegada de mis padres europeos.
También quiero conocer el Museo Botero, caminar por sus alrededores y descubrir esa parte de la cultura colombiana que tantas veces he visto desde lejos. De la que muchos amigos y amigas colombianos en La Habana y en Moscow, me han contado.
Y, por supuesto, quiero subir al Monserrate.
Pero no quiero simplemente llegar arriba, hacer una fotografía para mi Instagram y marcharme. Quiero mirar Bogotá desde allí. Respirarla. Si puedo hasta colocaría mi carpa en la cima y me pasaría toda la noche observándola, ya no desde la ventanilla de un avión, sino con los pies sobre sus montañas.
Quiero conocer la Bogotá de los barrios
Eso, por supuesto, son las atracciones que aparecen en todas las guías, porque cuando uno desea viajar a un lugar que aún no conoce, lo primero es comenzar con la lectura, la documentación. Es normal.
Pero también quiero alejarme de los lugares que aparecen en todas las guías. Caminar por barrios enteros. Entrar en una tienda. Tomarme uno de los mejores café del planeta tierra. Probar comida local. Hablar con la gente desconocida. Equivocarme de calle. Encontrar una pequeña plaza donde descansar un rato…
Esa es la Colombia que más me interesa. No solamente la Colombia de las fotografías.
Viajar por Colombia enterea. Bogotá sería solamente el comienzo. Colombia es demasiado grande y diversa como para conformarse con una sola ciudad. Y si algo me atrae de este país es precisamente esa variedad.
Quiero conocer sus montañas, sus costas, sus pueblos, sus selvas, sus ríos y sus carreteras. Viajar despacio. El SlowTravel es mi forma favorita de vivir. y, si puedo, Viajar por Colombia en Bicicleta.
Medellín

Me gustaría conocer Medellín y descubrir la ciudad más allá de las imágenes que durante tantos años han circulado por el mundo.
Conocer los Titiriteros de Medellín y de Cali. Sus festivales de Teatro y la manera en que hacen Arte, Cultura y se divierten.
Soy fan de todos los medios de transporte, aunque el tren siempre será mi favorito. Quiero montar en sus sistemas de transporte, caminar sus barrios, conocer sus parques, conversar con sus habitantes (siempre conversar), y entender cómo viven hoy los medellinenses.
Y, por supuesto, me gustaría salir de la ciudad para conocer los paisajes de Antioquia.
Cartagena
Quiero llegar a Cartagena de Indias. Caminar por la ciudad amurallada. Ver el Caribe. Sentir ese calor que ya conozco de mi Cuba. Pero también quiero apartarme de la postal turística. Porque Cartagena no puede ser solamente una muralla bonita y una fotografía frente a una puerta. Quiero conocer la ciudad real.

La costa Caribe
Aquí aparece otra de mis debilidades como viajero. El Caribe.
Quiero recorrer la costa colombiana del pi al pa, conocer sus pueblos, probar su comida y escuchar las historias de quienes viven junto al mar.
Me gustaría llegar hasta Santa Marta y desde allí descubrir algunos de los paisajes de la región. Y sí, también sueño con conocer el Parque Nacional Natural Tayrona.
El eje cafetalero…
Cali, el gran amor

Y si estoy hablando de Colombia desde aquella ventanilla del avión, hay una ciudad que no puedo dejar fuera.
Cali.
Curiosamente, Cali es mi ciudad favorita de Colombia y todavía no he tenido la oportunidad de caminar por sus calles. Puede parecer extraño decir que una ciudad es de tus favoritas cuando aún no has estado allí, pero así es la poesía. Los viajeros también nos enamoramos de lugares que conocemos primero a través de sus historias, de su música, de sus fotografías, de la gente que hemos conocido y de todo aquello que imaginamos hacer cuando finalmente lleguemos.
Mi Viaje a Egipto comenzó cuando comencé a leer sobre ese destino, y, al instante, saltaron lugares específicos que visitaría de sí o sí: Luxor, en Gran Museo Egipcio, las Barcas del Nilo, el Valle de los Reyes, Subir al monte Sinaí… Sé que son postalitas instagramers, pero muchos de estos destinos que primero cautivaron mis ganas de Viajar a la Tierra de los Faraones, bien valieron la pena cuando estuve allí.
Cali me atrae de una manera especial.
Quizás sea ese carácter alegre que tantas veces he escuchado describir a los caleños, y que tanto me gusta para compartir. Tal vez sean las montañas que rodean la ciudad, los Farallones, el río Cali, los barrios antiguos, las calles llenas de música y esa combinación entre ciudad y naturaleza que tanto busco cuando viajo.
La propia ciudad se presenta como un destino donde se mezclan cultura, gastronomía, naturaleza y salsa (no sé bailar, pero es la energía…). Ya sé que propone experiencias tan diferentes como subir a Cristo Rey, caminar por San Antonio, recorrer el Bulevar del Río, conocer sus museos, probar la comida local, hacer ciclorrutas o acercarme a las zonas naturales de los Farallones y Pance.
Y yo tengo una lista bastante personal de cosas que quiero hacer cuando por fin llegue.
Creo que mi jarra, a la que deseo dones premonitorios, me ayuda a conservar las ganas de Viajar por Cali.

Tenía otra jarra en negro sobre el Cristo de Cali, de esas que muestran su imagen cuando se calientan, pero mi princesa Lucía me la arrebató con todas las fuerzas posibles. He intentado renegociarla, pero no he logrado conseguirla. Ja, ja, ja.
Si fuese a contarles sobre todo lo que quisiera visitar en Cali, tendría que escribiros otra página completa sobre mi ciudad-amor colombiana.
Los pueblos colombianos

Hay algo que me atrae muchísimo de Colombia: sus pueblos coloridos.
Quiero conocer pueblos pequeños donde todavía pueda caminar sin saber exactamente hacia dónde voy. Quiero sentarme en una plaza central y recordar mi infancia. Comprar algo de comer. Una infinita vez más, hablar con alguien. Preguntar cuál es el camino a mi nueva meta. Y quizás terminar en un lugar que ni siquiera aparecía en mis planes.
Esta es la manera que me gustaría viajar por Colombia.
Viajar por Colombia en Bicicleta

Si algún día Colombia entra realmente en mi calendario de viajes, tengo claro que quiero llevar mi bicicleta.
Porque Colombia y la bicicleta tienen una relación que me interesa muchísimo: largas carreteras, montañas enormes, pueblos de todos los colores posibles…, y una enorme tradición ciclista.
No sé todavía cuál sería mi primera ruta.
Quizá Bogotá y los alrededores, o atravesar los Andes, ir hacia la costa, pero si quisiera visitar la Comunidad Andina en alguno de mis viajes. O tal vez, sea mejor comenzar pedaleando sin saber exactamente dónde voy a terminar.
Eso último sería muy propio de mí; pues al final, por mucho que trato de organizarme, siempre se me va la lista y termino tomando el primer tren que se estaciona delante.
Colombia también me llama por su naturaleza

Como viajero y amante de la naturaleza, Colombia tiene demasiados lugares pendientes en mi imaginación.
Primero, lo primero. Quiero conocer los Andes. Quiero caminar por la Sierra Nevada. Quiero descubrir sus parques naturales. Quiero conocer sus ríos, ver sus aves, sentir el cambio de clima que puede producirse en pocos kilómetros.
Quiero experimentar esa enorme diversidad geográfica que hace que Colombia pueda ofrecer montañas, ciudades encanto, Caribe, Pacífico, selva y llanuras dentro de un mismo país.
Y sobre todo, quisiera hacerlo sin correr.
No quiero viajar por Colombia como quien colecciona nombres. Y después regresar a casa diciendo «por fin conocí Colombia». No.
Quiero encontrar equilibrio entre conocer muchos lugares pero a la vez vivirlos más. De locos. Pero ese sería el SlowTravel colombiano que tanto anhelo.
Colombia, uno de mis Top países favoritos de América
Decir que Colombia es uno de mis países favoritos de América puede parecer extraño cuando todavía no he tenido la oportunidad de recorrerla. Pero hay países que empiezan a atraerte antes de visitarlos. Como Egipto, Italia, Thailandia, Russia… Je, je.

Supongo que sea por sus paisajes, su cultura, por las historias que escuchas, por las personas que conoces, por los viajeros con que compartes… Por esa sensación de que existe un lugar que todavía te está esperando; y que puede fascinarte por completo, envolverte en sus vastas maravillas.
Eso me ocurre con Colombia.
Y aquella escala técnica en Bogotá solamente aumentó las ganas. Una especie de «mira, Lucio, aquí estoy…, pero todavía no es tu momento».
Esta vez no bajé del avión
Quiero dejarlo claro porque una escala técnica no es una visita turística. Y tampoco deseo que mis nuevos lectores –que aún no me conocen–, crean que me las estoy inventando. ¿Vale? No bajé del avión. No caminé por Bogotá.
Solamente estuve allí durante una escala técnica y pude contemplar la ciudad desde la ventanilla. Pero quizás precisamente por eso el recuerdo tiene algo especial. Y es el motivo de esta página de hoy.
Hasta pronto, Colombia
Cuando el avión volvió a despegar, Bogotá comenzó a hacerse pequeña debajo de nosotros. Bastó unos escasos minutos para que la ciudad desapareciera por completo.
Yo seguí mi viaje. Pero me llevé algo conmigo: la imagen de una ciudad enraizada en sus montañas; y la promesa de regresar algún día, pero esa vez será de otra manera.
Quizá entonces pueda decir que finalmente llegué a uno de esos Top países de América que llevo tanto tiempo queriendo descubrir.
Hasta entonces, Colombia seguirá esperándome. Y yo seguiré viajando. Ya nos veremos las caras…
Quiero, quiero, quiero… Buf, son muchos quieros en una misma página. Os pido disculpa, sobrinas y sobrinos viajeros, por haber descargado todo mi amor distante por Colombia con ustedes; por haberlos hecho cómplices de mis amores no realizados.
Al final, no tuve tiempo de conocer Colombia. Pero tuve tiempo de imaginarla.
Y estoy seguro que soñar un viaje es la primera parte de hacerlo realidad.
Hasta que nos volvamos a encontrar.
Vuestro,
P.s. Si os hablo de mi amor por la Madre Patria Española, entonces sí que no terminaría nunca.
Ja, ja, ja.


