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Relatos de Viajes

Faro Punta de Maisí: arabezcos en los confines de Cuba

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El 31 de diciembre de 2022 emprendí mi Viaje a Holguín con la única intención segura de visitar Cayo Bariay, y conocer “la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto”. Hoy es 9 de enero de 2023. Otro viaje entre dos años. Faro Punta de Maisí, ¿imaginar que llegaría tan lejos? Jamás.

Lo cierto es que detenerse es difícil cuando las deudas se acercan a tu itinerario. Y esta era una de ellas. Ahora recuerdo en cuando el poeta cubano José Martí escribiera en su bitácora de vida, cuando cruzaba el estrecho del Paso de los Vientos: …vemos la Farola. Él la divisaba desde el mar, yo la observo desde tierra. Es una lástima.

Pero, bueno, gracias a Dios, estoy feliz de tachar otra de mis tantas deudas viajeras.

Faro Punta de Maisí: casi a punta de pistola

Comencemos por lo feo.

Les podría ofrecer algunas sugerencias, si desean acampar en esta comunidad: Si no quieren molestias, les aconsejo que tiendan sus carpas en el monte; si quieren dormir en medio de la comunidad, mejor le piden ayuda a los vecinos y duermen dentro de alguna propiedad; revisen que no tengan antecedentes penales (esto nunca lo he comprendido, pero no me pregunten); y sobre todo, chocolates para quien evite al custodio.

¡Jajaja!

Para algunos extraños, pareciera que quienes dormimos en tiendas de campaña tenemos cierto olor a delincuencia o indecencia. Por suerte esto es solo para quienes tienen prejuicios, complejos personales, insatisfacciones.

Andar de mochilero te ofrece un filtro por el cuál puedes observar con facilidad quien es normal, y quien no. Solo por la manera con que se proyecta hacia un forastero que se presenta sin invitación.

Cuando apareció el custodio de no sé que institución, su primera pregunta a los muchachos que estaban a mi alrededor fue: ¿es extranjero? (No es la primera vez que sucede.)

-Soy cubano -dije, aunque no me interrogaba a mí (no todavía).

Me saludó con una frase de Peli Western: yo soy el custodio de esto -señalando a todo el vecindario; mientras me alumbraba la cara con su linterna.

-Oh, que bien. Ya quisiera saber cuánto le pagan por cuidar tanto -le respondía yo devolviéndole la mirada con el látigo blanquecino de mi linterna, que llevo siempre en el bolsillo cuando acampo.

Se despidió con una frase fuera de lugar: tú, tranquilo ahí.

Por supuesto que regresó al rato con el Jefe de Sector. Así se le llama a un tipo de policía que es algo así como el encargado de cada barrio, pueblo, grupo de manzanas, no sé bien.

Me escanearon el DNI en busca de antecedentes penales. Indagaron a punta de lanza los detalles menos interesantes de la vida: ¿dónde vives? ¿qué haces aquí? ¿cuándo te vas?¿cuánto equipaje traes? (esta interrogante no la entendí mucho) y cosas por el estilo. No perdamos más tiempo. El “Custodio que decía cuidar todo el lugar”, me despertó a las 4:27; para que tomara el primer auto que me sacara de aquel lugar. ¡Joder!

Sin contar la visita oportuna a media noche del informante de la policía que decía vivir en el Mariel y no hacía más que preguntarme (rectificar) las mismas interrogantes con las que habíamos disfrutado la anterior conversación plena de hospitalidad.

¡Vayamos a lo nuestro!

Punta de Maisí: una deuda saldada

Cuando pensaba en el Faro de la Punta de Maisí, suponía una edificación casi desolada, en un paraje inhóspito, sin vida; donde no existe nada comestible y las auras tiñosas haciéndote una radiografía en espera de comer tus huesos derretidos por la mala vida.

Lo cierto es que, pegado al mar, el terreno donde se levanta es medio árido. Pero el relieve es caprichoso y a pocos “pasos” comienzan las montañas y los bosques.

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Uno de los Barrios de la Comunidad del Faro Punta de Maisí.

La comunidad es grande, espaciosa. Hasta con edificios y unos cuantos barrios. Aquello me pareció desorbitante. A medida que me acercaba, más viviendas y repartos aparecían.

El carro particular en el que vine de Baracoa (por un precio de 250 pesos, en enero de 2023) me dejó a mediación de camino hacia la bajada al faro.

La mochila me pesa. Es incómoda. Y los pies protestan por la mala factura de los zapatos chinos.

-Solo restan 8 kms -me decía.

Pero unos vecinos en tractor me rescataron. Vi los cielos abiertos. Descendíamos por una pendiente que tampoco pude imaginar en la distancia. Suponía un desierto de diente de perros infinito y al terminar, un faro. Pero no era así. Las montañas se empecinaban en llegar casi hasta el mar. Incluso, señales de pendiente y curvas peligrosas aparecen a la vera del camino te obligan a frenar con la fuerza del motor.

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En este tractor cargado de ñames y plátanos llegué al Faro Punta de Maisí.

La mochila pesa…

Pero todo quedó recompensado.

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La magia de un faro al final del camino

Así terminé ese día. Envuelto en la magia del Faro de punta de Maisí; al final del camino, en los confines de Cuba.

Muchas veces he pensado en realizar un viaje que recorra todos los faros de este archipiélago. Tal vez sea imposible hacerlo; por lo de las diferencias turísticas entre extranjeros y cubanos; y los lugares donde se encuentran algunos de ellos. Pero lo tengo en mira desde hace mucho. Sería feliz si pudiese hacerlo en bici o campervan. Jeje.

Asimismo, me conformaba con visitar los más representativos. Al pasar de los años y las aventuras que Dios me permitió hacer, de esos más hablados solo me faltaban dos: Faro Punta de Maisí y Faro Roncali; los dos extremos de la isla. Hoy, en medio de un viaje descabellado y con la única agenda inicial de visitar Holguín, he tachado otra de mis deudas cubanas; sin premeditarlo.

Un faro siempre es imponente. Una mole de magnífico porte, sea del tamaño que sea. Pero no me refiero solo a su magnificencia arquitectónica, que ya es plausible. No. Me siento atraído por su grandilocuencia de espíritu; esa aura mística de protector de eras ancestrales; la pureza de su objetivo; el roce de la virtud con la arquitectura…

A veces pienso en galeones y carabelas, en faros de madera donde un viejo loco (a lo Da Vinci) hace girar ruedas dentadas con un espejo y una hoguera en el medio, en función de linterna salvavidas…

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Colosal, mágico, se alza el Faro Punta de Maisí desde 1862.

Miradlo. El Faro Punta de Maisí tiene sus encantos arquitectónicos. Es agraciado, de porte similar a Faro del Morro de la Habana, Faro Roncali, Faro de Maya y otros de su mismo tipo y épocas. Aunque Faro de Maya es un poco moderno, comparado con ellos.

Faro Punta de Maisí fue bautizado el 19 de noviembre de 1862, bajo el nombre de Faro de Concha; en homenaje al Capitán General de la Isla en aquel entonces: José Gutiérrez de la Concha.

Su torre tiene una altura de 37 metros sobre el nivel del mar, y su gratificante luz pestañea a intervalos de 5 segundos. Puede verse su destello a 37 millas náuticas. Esta estrella del mar Caribe, como es de esperarse en el siglo XIX, comenzó siendo una mecha de aceite, una lámpara de aceite, una linterna de vapor de petróleo y, finalmente, una linterna eléctrica.

Esta mole espléndida solo ha sido reparada dos veces: 1948 y 1975. Dicen que posee 144 escalones de madera por el interior de su torre, y 19 escalones de hierro para llegar hasta la linterna.

Justo a su lado se ha construido una instalación turística, el Hotel Faro de Maisí. Es una Villa a las sombras del coloso que te ofrece unas cuantas habitaciones, una parrillada y restaurante a modo de espectáculo karaoke. Sin dudas debe ser agradable perderse después de un día difícil, bien lejos de la civilización.

Faro de Maya: Arabezcos mentales

El primer faro del que guardo razón de haber visto fue Faro de Maya, en la punta del mismo nombre, en la Bahía de Matanzas. Tenía 8 años. Fue genial. Dormí bajo sus alas de querubín de los mares; escondido entre las hierbas, pues me había escapado de casa en una ventura de 15 días, con la intención de realizar mi primer viaje intercontinental.

Muchos años después volví a sus brazos de luz gracias a los radioaficionados de Matanzas; quienes activan este Faro de Maya cada año, en la Fiesta Mundial de los Faros. Un evento promovido por los noruegos para la conservación de los Faros del mundo.

Despedida de Luz

De pie, 4:27 de la madrugada. Recojo la carpa con desgano. Fue muy escaso el paseo por el final de Cuba -me decía- y el Faro Punta de Maisí es hermoso.

Llega el carro particular para Baracoa (300 pesos). y marcho rumbo a la Primera Villa fundada por los Españoles en Cuba con la sensación de un hambre atroz junto al sabor de haber comido pero sin recordar qué.

La brisa matutina es agradable hasta para acrecentar las nostalgias incomprensibles.

Sin embargo, la despedida tuvo mayor impacto en mi ánimo; capaz de reconfortar las fuerzas perdidas.

Mientras le decía adiós a estas tierras del lejano oriente, él me sonreía entre destellos circulares, cadentes de su cómplice luz imperturbable.   

¡Que Dios bendiga todos tus viajes y aventuras!

Tío Lucio el viajero.

En mi Instagram tienes más detalles de este viaje entre dos años.

Tienes 5 Excursiones en Baracoa que te pueden sorprender.

Mi favorita sería la Excursión al Cañón del Yumurí.

Acá les dejo las 3 mejores Excursiones desde Baracoa Cuba.

Excursion al Cañón del Rio Yumuri Baracoa Cuba Faro Punta de Maisi
En toda Cuba no hay un paisaje como este.
Ecursion a El Yunque de Baracoa Cuba
El mejor sendero de Baracoa se haya en El Yunque.
Excursion Parque Nacional Alejandro Humboldt Baracoa Cuba

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